Richard Stallman arremete en La Habana contra Microsoft

Tux“En La Habana, el creador del movimiento del software libre arremetió contra Microsoft y otros monopolios que usan patentes de programas como herramientas de dominación.(…) Como un misionero, Richard Stallman anda por el mundo proclamando el derecho de los ciudadanos a poseer independencia tecnológica. Y si no fuera porque anda afirmando por doquier que no es comunista, que su doctrina está en otro lugar del espacio filosófico, difícilmente alguien dejaría de aventurarse a describirlo con esa condición política: para muchos lo parece al calco, y si no, se preguntan ¿por qué anda desparramando la idea de que el software debe ser libre, mientras desafía el poderío de las transnacionales informáticas?(…).

Como un misionero, Richard Stallman anda por el mundo proclamando el derecho de los ciudadanos a poseer independencia tecnológica. Y si no fuera porque anda afirmando por doquier que no es comunista, que su doctrina está en otro lugar del espacio filosófico, difícilmente alguien dejaría de aventurarse a describirlo con esa condición política: para muchos lo parece al calco, y si no, se preguntan ¿por qué anda desparramando la idea de que el software debe ser libre, mientras desafía el poderío de las transnacionales informáticas?

El ají pica en la boca de Bill Gates, fundador de Microsoft, cuyo sistema operativo Windows –bien protegido por patentes y artimañas para atajar alguna copia ilegal- burbujea en nueve de cada diez computadoras terrícolas. Amostazado, en 2005, en la feria electrónica de Las Vegas, dejó de tirar pullitas como solía hacerlo y soltó todas sus bilis: "Hay una nueva especie de modernos comunistas que quieren ahorrarse el incentivo para los músicos, los cineastas y los programadores, con distintos pretextos."

Stallman, plato exquisito y proteico de la recién concluida Convención Informática 2007 de La Habana, respondió al dardo de Bill precisando que "promovemos la solidaridad social, el espíritu de cooperación y al mismo tiempo respetamos la propiedad privada". Movido por esos presupuestos, defendió el derecho de sus anfitriones de obtener software libre en cualquier país.

"El software privativo es dependencia y eso lleva a la colonización electrónica", azotó el rebelde Stallman. "Lo ha hecho en los Estados Unidos, Europa y otros lugares del mundo."

Stallman fue más lejos. "Un programa privativo nunca es de confiar", azuzó, y advirtió que el software de licencia es una amenaza para la seguridad: como los usuarios no pueden examinar el código fuente, no tienen forma de saber lo que este ejecuta o qué aberturas en la "puerta trasera" del programa pueden haber dejado los diseñadores para tener acceso furtivo a la computadora en un futuro.

El código fuente es el conjunto de líneas de comandos, escrito con la sintaxis particular de determinado lenguaje de programación, convertido en lenguaje legible por la máquina por medio de compiladores, ensambladores o intérpretes. Es, digamos, el ADN propio de ese software.

Cuando el fin es lucrativo, el código se encripta de tal manera que intentar cualquier modificación para adecuar su ejecución a necesidades propias, es prácticamente imposible, a menos que se pague sin chistar. Un código libre, sin el yugo de las patentes, sí es modificable por el usuario e, incluso, puede ser distribuido solidariamente a otros con semejante necesidad.

Para Stallman, esas leyes de derecho de autor violan los principios morales fundamentales y resultan tan injustas como encarcelar a alguien por compartir o modificar recetas de cocina. (…)

Efectivamente, bajo el paraguas moral, político y legal que propone como alternativa al desarrollo y distribución del software bajo licencia, edificó Stallman su mayor influencia. Con tales hierros inventó el concepto de Copyleft (aunque no fue él quien le puso el nombre), un método para licenciar software de forma tal que este permanezca perpetuamente libre y su uso y modificación siempre reviertan en la comunidad. (…)

Escapando de la inercia

Decía Mark Twain que un hombre con una idea nueva es un loco, hasta que la idea triunfa. Stallman, por su parte, sostiene que el software libre ayudaría a los países pobres a acortar la brecha digital que los aleja de los desarrollados. Para él, las patentes no solo son una fórmula de dominación, sino también un freno para el desarrollo de nuevas aplicaciones.

"La política de uso masivo y social de las tecnologías informáticas y de telecomunicaciones permite escapar a Cuba de la inercia en el empleo del software privativo", valoró en el Palacio de Convenciones habanero el presidente de la Fundación de Software Libre. En perfecto castellano explicó que los beneficios de programación en software libre o de código abierto para la Isla coinciden con los cuatro principios fundamentales de este tipo de programación. El primero, la capacidad de usar el programa con cualquier propósito y, el segundo, estudiar este y adaptarlo a las necesidades particulares. Tener acceso al código fuente y poder distribuir copias del software es el tercer principio, mientras el último es la libertad de mejorar el programa y hacer públicas estas mejoras para los demás.

Stallman enfatizó que para esta nación bloqueada económica, comercial y financieramente hace más de 40 años por el Gobierno de Estados Unidos, el no suscribirse a diseños en operadores de código cerrado o restrictivo es una posibilidad para el desarrollo de productos digitales. Entonces sonrió y por instantes unos fuelles bajo los ojos delataron su edad real: "Las obras de conocimiento deben ser libres, no hay razones para que no sea así."

Fuente: La República 

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