El Software Libre un jinete aliado del beneficio social

Cada vez con más frecuencia escuchamos mencionar el término ”Software Libre” y muchos han confundido y atribuido, a este término, la característica de ser gratis o de carecer de un valor comercial.

El software libre “es una cuestión de libertad, más no de precio” señala Richard Stallman, figura central del movimiento de software libre a nivel mundial, quien ha establecido un marco de referencia moral, político y legal, como una alternativa al desarrollo y distribución del software propietario.

Stallman ha creado una comunidad creciente, en la que compartir y ayudar a los demás no es ilegal en cuanto a ejecutar, copiar, distribuir, estudiar, cambiar y mejorar un programa.

Como pilar fundamental para este proceso, dos décadas atrás decidió escribir un nuevo sistema operativo completo, compatible con Unix (un potente y sólido sistema), pero libre para todos, que lo bautizó con el nombre de GNU (GNU is not Unix), combinándolo a su vez con un componente central (kernel), desarrollado por Linus Torvalds, conocido como Linux, dando paso así al sistema operativo libre GNU / LINUX.

El software libre se basa en cuatro libertades: la libertad para ejecutar el programa sea cual sea nuestro propósito. La libertad para estudiar el funcionamiento de un programa y adaptarlo a nuestras necesidades, siendo el acceso al código fuente indispensable para esto. La libertad para redistribuir copias y ayudar a quien le interese o lo necesite, y la libertad para mejorar el programa y luego publicarlo para el bien de la comunidad, haciendo hincapié otra vez que el acceso al código fuente es fundamental para este objetivo.

Entonces podemos decir que software libre es cualquier programa cuyos usuarios dispongan de estos privilegios o más aún de estas libertades.

Cita Stallman en un texto escrito en 1996, que quien utilice software libre debería ser libre de redistribuir copias con o sin modificaciones, de forma gratuita o cobrando por su distribución, a cualquiera y en cualquier lugar.

Gozar de esta libertad significa, entre otras cosas, no tener que pedir permiso, ni pagar para ello. Asimismo, debería ser libre para introducir modificaciones y utilizarlas de forma privada, ya sea en su trabajo o en su tiempo libre, sin siquiera tener que mencionar su existencia.

Si el usuario decidiera publicar estos cambios, no debería estar obligado a notificárselo a ninguna persona o institución y bajo ninguna forma en particular. La libertad para poder utilizar un programa significa que cualquier individuo u organización podrá ejecutarlo desde cualquier sistema informático, con cualquier fin y sin la obligación de comunicárselo subsiguientemente ni al desarrollador previo ni a ninguna entidad en concreto.

Estos conceptos cada vez más latentes en un mundo globalizado y sobre todo en países como el Ecuador, que ven acentuado su atraso y pobreza fruto de un escaso desarrollo tecnológico, del poco acceso a la tecnología y a la información y a los altos costos y dependencia de licencias que privilegian las ganancias sobre el beneficio social, deben llamarnos a una reflexión profunda.

No pretendo menoscabar el derecho que tiene un desarrollador de software o una empresa que haya aprovechado lícitamente este desarrollo y que tenga una patente o el derecho de uso sobre el mismo, para comercializar su producto y obtener ganancias en base a ello.

Pero si reflexionar sobre hasta donde esta comercialización esclavista de licencias de uso de sistemas, y programas basadas en software propietario rebasa en un momento dado el beneficio social que una idea, un desarrollo o una empresa deben aportar.

Así mismo hasta que punto las condiciones y regulaciones draconianas de una licencia de uso que ampara al software propietario menoscaba las libertades de los usuarios quienes pierden la posibilidad de controlar una parte de sus vidas o la libre operatividad que debe tener una organización o empresa al ser dependiente de todos los procesos que conlleva el uso de software propietario.

Si he comprado un CD de música, que tiene derechos de autor y lo escucho con un grupo de amigos, que a su vez opinan, critican acerca de su composición, letra y música y alguno de ellos con conocimientos musicales modifica partes de la letra y la música y comparte esos cambios con nosotros, ¿habremos acaso infringido la ley, habremos atentado contra el derecho de autor de la composición original, o más bien hemos ejercido nuestra libertad y derecho a compartir y a modificar una creación inicial?

Si el CD que he comprado decido prestárselo a un amigo para que lo escuche en su casa junto a su familia, ¿me hará también merecedor de sanciones? Me parece que definitivamente no.

El motivo para la recopilación, almacenamiento, distribución y control de la información usando todos los métodos legales, coercitivos y amenazantes es hoy por hoy un motivo económico, que se aleja en muchos casos del bien común.

Es indudable que el mundo cambia a pasos agigantados, que esos cambios vertiginosos nos desafían como sociedad a la vuelta de cada esquina.

Hoy las tecnologías digitales de la información y las máquinas ayudan al mundo a buscar, recibir, copiar, compartir y a modificar información de una manera muy fácil y rápida, a priori en beneficio de la colectividad. Pero a su vez una maraña de leyes muchas veces forjadas y distorsionadas por grandes intereses económicos, así como un sistema de “copyright” socialmente abusivo pretende por ejemplo en el caso del software propietario que sólo algunos puedan copiar y modificar los programas que usamos.

Las patentes, derechos de autor, y un término demasiado amplio como propiedad intelectual no pueden generar un monopolio para sus autores, sino más bien deberíamos considerarlo como una concesión o un privilegio momentáneo que se otorga a un autor para motivarlo y premiarlo, pero siempre prevaleciendo el progreso y el beneficio social.

En frente nuestro está una esquina, una gran esquina, ahí a la vuelta nos espera el desafío de forjar una nueva constitución, la cual entre otras cosas debe garantizar en lo referente a la propiedad intelectual: patentes, marcas, derechos de uso y de autor, que estas no signifiquen la imposición, creación y fomento de derechos exclusivos sino más bien el establecimiento de ciertos privilegios que siempre deben ser de doble vía, primando la soberanía y el bienestar social.

Fuente: Últimas Noticias 

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